31 de diciembre de 2010
28 de diciembre de 2010
24 de diciembre de 2010
17 de diciembre de 2010
Todo lo que ella y yo pudimos disfrutar antaño tuvo siempre este claroscuro de ambivalencia, que acompaña y a la vez empaña mis recuerdos.
Codorníu.
14 de diciembre de 2010
8 de diciembre de 2010
Vaya cóctel.
4 de diciembre de 2010
(Por cierto: ellos, los controladores, no han conseguido poner al Presidente de rodillas como nuestros prestamistas. Obsérvese: todavía hay mucha diferencia entre los gusanos y las serpientes)
Todavía hay diferencia entre la pobre gente y la gente pobre. Estos últimos, está claro que no nos dan la misma pena.
28 de noviembre de 2010
20 de noviembre de 2010
En seguida me di cuenta que su verdadera naturaleza era la de un tipo observador y cauto. En absoluto se atrevió a preguntarme sobre aquel tatuaje (a medio camino donde se junta la cadera con el muslo) por el que otros hombres se habían mostrado intrigados a la primera. Tan sólo lo miraba de vez en cuando, de reojo, con disimulo... sin saber que la frecuencia de vibración de su corazón era inversamente proporcional al escaso valor que le quedaba. No me dio pena, no era el único. Claves tan esenciales como los números que gobiernan los sentimientos se escapan al común de los mortales. Por eso cuando un quinto musical de su angustia regresó al dolor original ocho octavas más arriba, apenas percibió la secuencia ascendente de la escala espiral, cual sucede con la disposición de los remolinos del girasol. Sin saber la causa, sólo pudo notar cómo una sombra le velaba de nuevo el presente.
Le salvó que para entonces ya había regresado yo del faro con una botella de albariño.
Los papeles de Saleta.
Codorníu.
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12 de noviembre de 2010
Xéxpir miró el reloj y se levantó las solapas de la chaqueta. Serían poco menos de las seis cuando tomó la decisión de avanzar con la mirada puesta en el horizonte. La dura arena del fondo daba estabilidad a sus pisadas; aunque no creo que fuese consciente de tantos detalles en aquellos momentos. Como mucho, lo más probable es que sintiera la frialdad del agua, tras el golpe que recibía al chocar cada ola contra sus muslos. Después, ni siquiera se daría cuenta del espectáculo en torno suyo; esa danza alrededor y por medio de sus piernas. Desde la orilla, con ayuda de la cámara, sí se captaba todo. Incluso como, a cada paso, le seguía una parada despeinando las aguas en remolinos cadenciosos: siempre la penúltima. Y esto ya es un adivinar; pero intuyo que, con el compás de la marea, escucharía un tañido acoplado a su pulso; una señal que aún le anclase a la vida. A sus labios salinos, subía (eso no lo supongo, porque se lo oí contar en más de una ocasión) un hálito que, sin querer, musitaba una súplica. Eran unos versos del portugués Pessoa, que había cogido la costumbre de decir a diario, en voz baja, antes de salir por la puerta:
Los papeles de Saleta.
Codorníu.
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8 de noviembre de 2010
Codorníu
Codorníu..
15 de octubre de 2010
Y ése es el drama. El drama de los bancos. Un suculento negocio de miles de millones, ahí a sus pies… que no convence a nadie... De risa.
Ahí están los franceses, luchando como en el 68.
A ver si lo consiguen.
11 de octubre de 2010
Hoy en día se habla de lo bien que estamos físicamente a los sesenta o sesenta y cinco años. Pero lo que habría que cuestionarse es en qué trama de relaciones laborales se pudre nuestra vida, que hace que una persona a los 60 años esté físicamente perfecta para hacer casi cualquier trabajo, pero llevando en su interior muchas papeletas para sentirse destrozada psicológicamente…
Codorníu.
8 de octubre de 2010

Recortes.
En este otoño tan hermoso, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ha vuelto a insistir desde su púlpito (por enésima vez... ya he perdido la cuenta) en la necesidad de aplicar recortes económicos a la gente corriente por el bien de la salvación del estado del bienestar.
En la mente de todos están esos hachazos que nos van desnudando de progresos y derechos. A la vez que las hojas de los árboles, sentimos como se cae también lo que con tanto esfuerzo hicieron crecer otros en el pasado. Este otoño, el viento seguirá arrancando de nuestras vidas lo que empezó a brotar -radiante de esperanzas- en aquella primavera del siglo XIX.
El señor Ordóñez no desconoce (es imposible) que el salario mínimo que alfombra de hojas los suelos es de 633 euros al mes. Tampoco ignora que muchas personas en nuestro país andan muy cerca de ese suelo. De sobra sabe que, incluso el doble, no deja de ser una miseria... de "privilegiados".
Poca gente puede presumir de haber contado las hojas del árbol salarial del señor gobernador. Tampoco yo sabía de ellas. Pero hoy he leído en el diario "Público" lo que gana, actualmente, en este otoño tan bonito y tan suave. Gana 194.148 euros anuales, que si lo dividimos en catorce partes, nos salen 13.868 euros al mes.
Entre 13.868 y 633, hay por medio un barranco de escalones profundos; veintidós, para ser exacto. Veintidós veces más uno que el otro son una pendiente de esas que dan miedo y escalofríos. Un abismo inmenso, negro, insalvable... que nos separa a nosotros, los que sufrimos los recortes, de ese señor y esa gélida élite dirigente a la que pertenece.
Aunque esto no sería importante si no formara parte del grupo selecto de los que legislan y gobiernan. Eso es lo que es obsceno y, más que grave, gravísimo. Me refiero a que esta clase dirigente goce de emolumentos tan siderales; cuando deberían tener un cinturón muy parecido al de los ciudadanos para que no se les cayese la cara de vergüenza. Para eso y para que se lo pensaran dos veces, cada vez que les sube a la boca esa ácida letanía macabra de apretárselo y apretárselo y apretárselo...
Mientras eso no suceda, los que hacen las leyes y las ejecutan no serán los representantes del pueblo. Al menos por mí parte no serán considerados como tales, mientras gocen de tan privilegiada situación económica, impropia de servidores del Estado.
Por más que lo digan las urnas y nos lo envuelvan todo con un hermoso vestido de seda llamado Democracia.
¿Cómo van a representarnos si no pueden saber lo que sentimos?
Codorníu.
4 de octubre de 2010

Otoño, Mario Benedetti.
(De “Insomnio y duermevelas”)
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20 de septiembre de 2010

Los recuerdos suelen venir en ramos. El tuyo, traído al presente por la muerte, duele cual pedazo de vida que me arrancan. Aún estoy conmovido por el impacto emocional que supone escuchar la noticia de tu viaje definitivo. Con esta despedida te llevas un trozo de mi corazón, aquel corazón juvenil del que ya otros adioses se llevaron su parte.
Y ya no sé si lo que queda de él es más que lo que falta, José Antonio. Digamos que, a mi edad, se vive bastante de recuerdos que cada vez tienen más peso en lo que queda de ese órgano que late todavía. Pongamos que ahora mismo habrá ya un cincuenta por ciento de vida que son eso: recuerdos.
(Igual, hasta me quedo corto...)
Tu muerte me ha hecho sentir, una vez más, dos dolores parejos ya familiares. El primero es el bocado directo, el hueco abierto en la manzana roja del pecho. El segundo, notar cómo se incrementa en la composición de mi ser esa otra parte que ya no es regada por la sangre de la realidad; cómo sube la proporción de ramas mutiladas en esta vida mía, otra vez hoy hendida por el rayo como escribió el poeta centenario...
José Antonio Labordeta, no se me ocurre mejor despedida que hacer mías las palabras de Sabina a ti dedicadas:
“Gracias, por tu ejemplo”
Codorníu.
29 de agosto de 2010

Se cuenta que la mujer despreció en vida el amor de un barbero mulato muy humilde al que prodigó todo tipo de desplantes y repulsas para casarse con un oficial español, de bastante prestigio por aquel entonces, que falleció a los pocos años.
Poco le duró, por tanto, su único matrimonio. De vuelta al anonimato (pasado algún tiempo), el despechado barbero dio con Dolores -pobre y enferma de muerte por el mal contagioso- y se hizo cargo de ella hasta sus últimos momentos.
Cuenta la leyenda que, tras su entierro, encargó aquella singular lápida con esta reflexión en forma de poema:
“Aquí Dolores Rondón/ finalizó su carrera, / ven mortal y considera/ las grandezas cuales son: / el orgullo y presunción/ la opulencia y el poder, / todo llega a fenecer/ pues sólo se inmortaliza/ el mal que se economiza/ y el bien que se puede hacer”.
Camagüey, cuna de poetas.
Codorníu.
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18 de agosto de 2010
8 de agosto de 2010
30 de julio de 2010

26 de julio de 2010
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19 de julio de 2010

11 de julio de 2010
Queridos amigos del mundo, hermanos:
Como para sufrir ya tenemos y tendremos ciento una ocasiones -y sin que esto nos impida olvidar las penas negras con que los mercados “obsequian” a los pueblos a diario-, aquí saco, a la puerta de mi "boliche", unas cuantas sillas y este sorbete virtual que acabo de probar en mi cocina.
Se trata de un nuevo cóctel para invitar y festejar con todos vosotros (sí, tú también; que no me olvido de nadie y menos de ti), lo que estos chicos de mi país han logrado: quedar campeones del mundo en fútbol por delante (que no encima) de teutones y bóers.
Vaya este granizado para todos nosotros, los que celebramos las cosas sin que nos volvamos tontos de baba del Imperio, ni se nos pasen por alto las cosas importantes. Y en especial para nuestros hermanos del otro lado del Atlántico, a quienes prometí llevarlos en mi corazón hoy -en tierras de Mandela (27 años de cárcel)-, y gustosamente dediqué el esfuerzo de inventar este Daikiri gallego; porque gallegos fueron los más numerosos emigrantes del mundo y, simbólicamente, por extensión del término, todos nosotros:
INGREDIENTES:
50 cc. de ron blanco (yo soy fiel al Havana club)
50 cc. de albariño (los hay extraordinarios; pero mi corazón -y mi juventud con Saleta- siempre estará con Martín Códax)
¼ kilo de helado de limón (no les sugiero nada, no me gusta fingir y no tengo preferencias)
5 gotas de marrasquino (el original se importa de Dalmacia, en la costa del Adriático)
PREPARACIÓN:
8 de julio de 2010
