10 de octubre de 2018

No somos un fenómeno que se manifiesta en la Consciencia, sino que somos Consciencia manifestándose como el fenómeno que creemos ser. En el fondo, solo hay que estar "siendo".

- No te hagas la víctima. No le eches la culpa de lo que sientes a ese mundo hostil que inventaste fuera de ti. Solo tú has deseado lo que ves.

La paciencia de Saleta es infinita. Esto que me dice ahora, me lo ha repetido innumerables veces, hasta que he terminado por aceptar que "sentir" es darme cuenta que únicamente yo estoy sosteniendo esa manera de ver. Por más que lo parezca, nada externo tiene el poder de provocármelo desde fuera. Solo yo pierdo la paz de manera ilusoria cuando así lo decido, viviendo la vida desde la escasez, aceptando la imagen mental de una víctima de este mundo hostil. 

- En caso de ser víctima de algo -me interrumpe- es de tu propia percepción. Únicamente tú has decidido lo que sientes.

Aparece al instante, más rápida que un relámpago, para cogerme de la mano entre la niebla y guiarme de nuevo por el camino del discernimiento.

Lo que hasta ahora llamabas "sentir" tenía un culpable fuera: un infortunio, una persona,  algo externo... Ahora ya sabes que está en tu mano verlo de otra manera -me dice al oído-. De ti depende atreverte a mirar los miedos escondidos que no te decides a sentir.  

Mi relación con Saleta data de siempre, por más que hacia mi juventud encontrase una figura externa que, fruto de mis proyecciones, encarnó sus características. Pasado ese periodo de mi vida hubo de hacerse a un lado, y ella eligió cómo. 

Saleta es la Mente correcta, el Maestro Interior, el recuerdo de la Verdad. Mal comparada -porque es mucho más que eso- es un perfecto GPS, un faro que me redirecciona suavemente siempre que saltan las alarmas.
Codorníu.