17 de diciembre de 2010


El primer aniversario de la muerte de Saleta quedamos con Xéxpir para ir a Corrubedo. En aquella ocasión, la tarde, siempre silenciosa, se había ido escondiendo tras las rocas y la noche nos había pillado de improviso. Chumpéter, con su alter ego de economista, marchaba todo el camino delante de nosotros, murmurando para sus adentros al amparo de la poca luz de su cigarro. Supongo que –al igual que yo– no podía  soltarse de los recuerdos con que llevaba anudada la garganta: unos recuerdos complementarios, que nos ataban a los tres como reos.  

Xéxpir me preocupaba menos, ya que su salto personal al vacío se había producido con antelación. De los labios de ambos no salía ni la más mínima palabra mientras bajábamos los peldaños naturales de piedra arrancados al acantilado por los temporales. Tampoco yo abrí el pico, pendiente como estaba de cada detalle de sus reacciones. Por eso me di cuenta enseguida que, al llegar abajo y situarse frente al océano, Xéxpir me miró con desolada tristeza. Miró después aquel entorno y, con todo en los ojos, se fue despidiendo en círculo hasta humillar la mirada contra el suelo en un punto de la arena a su costado, como un torero que arroja la montera. En ese momento pude darme cuenta de que las piernas apenas le sostenían y me puse más cerca. Lo supe porque los bajos de sus pantalones, siempre cortos, bailaban. Pasados unos instantes, alzó de nuevo la mirada como si quisiera comprender la muerte de Saleta definitivamente y se marcó una perorata acerca de lo que se ha podido tener a la vista y no se ha visto. Luego calló, en la seguridad de que si pronunciaba una sola frase más, la que fuera, todo habría perdido el sentido cuya vigencia estaba clamando a gritos el corazón común que compartíamos. Fue entonces cuando Chumpéter aprovechó para afearle con aquellos versos de Calderón (“Cuando tan torpe la razón se halla, mejor habla, señor, quien mejor calla”), dando lugar a una  desagradable trifulca cuya réplica me amenaza cada año por estas fechas.

Creo que no había escrito nunca nada acerca de ese día que tuve que separar a Xéxpir y a Chumpéter. Aquella noche fue como si dos toros se adentrasen en el mar, corneándose en mi presencia hasta tal punto que poco les faltó a ambos para ahogarse y ahogarme de paso a mí con ellos. Desde entonces me veo con cada uno por separado, como sabiamente hacía la intuitiva Saleta.


Todo lo que ella y yo pudimos disfrutar antaño tuvo siempre este claroscuro de ambivalencia, que acompaña y a la vez empaña mis recuerdos.


Codorníu.

10 comentarios:

Pato dijo...

Estoy melancólica Pepe y leer algo de Saleta y volver a encontrar a Chumpéter y a vos en medio de ellos haciendo puentes con las letras, me emociona.

Besos.

FLACA dijo...

Querido Pepe:
Voy a tomar este relato como un regalo de Navidad. Es de las mejores letras que he leido(no tengo tildes) ultimamente.
Me emociona, como a Pato, la forma en que el paisaje se va apareciendo entretejido con la trama y los sentimientos. Me parece genial como(con tilde) Saleta siempre se hace presente sin estar, con una presencia que lo embarga todo (accion,espacio,personajes)
Encuentro una sutileza muy fina en la descripcion de los sentimientos,por ejemplo los que se expresan a traves de ese pesado,sentido y compartido silencio cargado de Saleta y de amor-dolor.
Este gajo de esta historia tan inconclusa como el recuerdo de Saleta merece que lo copie, lo pase a soporte papel,lo lea, lo subraye, lo analice y lo disfrute aun mucho mas que con esta primera leida.
Un abrazo.

calma dijo...

Siempre Saleta arrancó de ti, las mejores letras, y me da pena, mucha pena que ya no esté aquí, en este mundo, como tantos otros a los que quiero y que hace que la vida sea un poco más triste cada vez que uno emprende ese viaje sin retorno, aunque los recuerdos... esos nadie nos los podrá robar.(Mañana operan a mi hija,por eso estoy tan apartada de todo, entre el trabajo y los preparativos para la intervención, llevo una temporada de p. culo. Manda energía positiva que tú tienes mucha fuerza, cuento con ella).
Un beso querido Pepe

made dijo...

Me gusta que recobres la escritura.
Asumo como propio el comentarío de Flaca.
Gracias por escribir y hacernos un poco más agradable el día.
Un saludo

mera dijo...

Como siempre, admirado. Un abrazo.

Maria Coca dijo...

Saleta era muy lista. Y tú lo fuiste desde ese momento. Hay personas que no pueden estar juntas...

Muy melancólico, como la lluvia de hoy en Sevilla.

Besos, Pepe.

calma dijo...

Feliz Noche Buena querido amigo, siempre te tengo presente.
Un abrazo y un chin chin
E.

Gregorio Omar Vainberg dijo...

Pepe. un abrazo, y leo esto acompañado por Tomatito,
Felices Fiestas!!!

Ojosnegros dijo...

Si alguna vez estuvieron unidos, quizás vuelvan otra vez a esa situación.
Mejor no forzar los sentimientos, ellos solos deciden su destino.
Escribes realmente bien.
Besos

PIZARR dijo...

Me apasiona leer sobre Saleta, me envuelve la atmósfera que creas y me situo allí en medio de las dunas de Corrubedo, donde estuve en verano pensando en ti y en Saleta... imaginando historias y desenlaces...

Esos sentimientos que sin casi describir expresamente flotan en el ambiente creado entre los 3...

Una gozada Pepe

Un fuerte abrazo