2 de agosto de 2009

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P. ¿Qué queda de aquel chaval?
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R. Queda mucho. Queda la ingenuidad, las ganas de cambiar el mundo, de luchar por las causas perdidas... El tiempo te matiza todo eso, pero queda mucho de aquella persona.

(Entrevista a Lorenzo Milá con motivo de su último telediario en TVE-1, el pasado viernes)
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Saleta trataba de pensar con el corazón. Algo tan absurdo como sentir con el cerebro. Estaba harta de empatar, de no aclararse, de no ver brillo alguno entre el puré espeso del presente.
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(...O dirige uno o dirige el otro, decía en una de sus cartas, pero el corazón no debe mandar; lo único que debe enviar son señales. La razón no puede ser la encargada de señalar. Sólo debe buscar los medios, el camino, nunca la meta)
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Por eso cuando recibió aquella señal no lo dudó un instante. Hizo la maleta hasta reventar, cerró la puerta de su casa en Santiago y cogió el primer expreso que guiase lo más recto posible los latidos de su corazón.
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Corría el año 71 cuando buscó con la mirada el perfil de hombre nada más salir de la estación del Norte. Saleta llevaba un traje viejo a lo Bonnie and Clyde y, en la mano, según las instrucciones, el periódico vespertino Madrid.
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(...Era un día de septiembre. Lo recuerdo perfectamente por la portada, escribía, porque anunciaba la muerte de un obrero de la construcción de treinta y tres años por disparos de la policía, mientras informaba a sus compañeros en una obra en la carretera de Leganés a Getafe. Pedro Patiño Toledo se llamaba. Con el tiempo, pusieron su nombre a un Centro de Formación Profesional por esa zona)
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El contacto parecía una escultura de bronce, moreno, de mediana edad; inmóvil sobre un taburete, con un sombrero de paja a juego con los botijos que vendía. Atendía su puesto y un puesto de vinilos cercano (éste, sin toldo), solitario a la sombra de unos plataneros, arriba, al final de la cuesta de San Vicente.
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Todo coincidía.
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Saleta fingió interés por algunos discos en espera de que algo, por dentro, le diera con claridad el placet. No sin cierta precaución, al cabo de unos minutos, se dirigió a él:
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- Quiero lo último de Yailene.
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Cuando estuvo segura de que nadie la seguía, se adentró con el álbum bajo el brazo en los jardines de Sabatini. En un banco, desgarró la funda con cuidado y recortó con los dedos el número de teléfono que venía escrito con unos guarismos minúsculos en la parte interior del cartón.

Luego, más tranquila, tras deshacerse de todo en una alcantarilla, se terminó de leer el periódico en una terraza de la plaza Mayor, sin sospechar que el Madrid sería clausurado definitivamente dos meses después y, al año siguiente, dinamitado el edificio para que no quedasen restos.
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Como en Cartago.
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Codorníu.
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18 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Parecen todos muy profesionales.
Supongo que debían serlo.
El riesgo era terrible.

Saludos.

marisa dijo...

Tiene que quedar algo, es preciso que quede...No podemos, no debemos, renunciar a todos los sueños.Podemos desilusionarnos, cansarnos pero no olvidar lo que fuimos, aquello que nos hizo vibrar.un beso guapo.

calma dijo...

Qué intriga... ¿continuará?.
"O dirige uno o dirige el otro, se decía, pero el corazón no debe mandar; lo único que debe enviar son señales. La razón no puede ser la encargada de señalar. Sólo debe buscar los medios, el camino. Nunca la meta".
He leído esta "sentencia" lo menos cinco veces, formidable Pepe, nunca me cansaré de decirte que eres único, viva la madre que te parió.
Besazo

Codorníu dijo...

TORO:

Supongo que los personajes reales de estas ficciones actuarían así, más o menos. Como tú dices, El riesgo era terrible.

Codorníu dijo...

MARISA:

Precisamente por eso que dices, a mí me parece mentira la cantidad de gente que, habiendo vivido todos esos años, se pone ahora a silbar y mira para otra parte.

Increíble, ¿no?

Codorníu dijo...

CALMA:

Gracias. Creo que esta máquina que llamamos "ser humano" adolece de un mapa claro de conducta. Tal vez esa sea la causa de tanto dolor y tanta confusión, al tiempo que permite ver un enorme abanico de personalidades "tuneadas".

Involuntariamente, eso sí.

FLACA dijo...

Volveré a comentar después de que haya podido leer nuevamente . Hay párrafos que leería más "de cinco veces", como dice Calma. Ahora tengo que cocinar. Pero quiero dejar mi primera impresión: cuando comencé a leer, y registrar eso de las señales y del conflicto entre el corazón y la razón,pensé que se trataba de una historia de amor.
Y pensándolo bien, no está mal, tiene que correr mucho amor por las venas para ser capaz de ese arrojo.

karina dijo...

"Queda mucho."

Qué guerra, desastroza como todas pero tan heroica por parte de los como Saleta.
Que gran daño nos hicieron, hasta el aire es víctima de sus destrozos al sentirse indiferente, a veces y en tantos.
Hay que hablar mucho de eso.

Me encanta Pepe.

Un beso

Codorníu dijo...

FLACA:

Pues, sí. ¿No ves como todo lo individual se ha hecho con el timón de la Humanidad?

En la actualidad sólo hay sitio para "yo y lo mío" ¿No crees?

Tienes mucha razón en que hacía falta mucho amor, solidaridad y ganas de terminar con las causas del sufrimiento...

El respeto a los derechos humanos, la democracia, la libertad... Yo creo que a pesar del miedo que pasaron, les compensó con creces.

Esa generación dio una cosecha de seres humanos inolvidables. Por desgracia, ya no están bastantes.

lys dijo...

Son acontecimientos que se me escapan, pero sin duda se requirió valor y entrega para la lucha que tuvieron que mantener en la clandestinidad.

Un abrazo

Codorníu dijo...

KARINA:

Me temo que la ficción es menos cruel que lo fue la realidad.

Siempre se lee mejor que se vive.

mangeles dijo...

¡¡¡Me acuerdo cuando volaron el edificio del periódico Madrid¡¡¡

Me gusta además como cuentas esas "cosas".

Ya están estos, con las "hitorias de los que corrian ante los grises" deciamos nosotros de adolescentes, jejejej.

Nada nos había preparado para vivir con los ojos abiertos y desorbitados, la cruedad del régimen muerto...asistimos de repente a fusilamientos, muerte de estudiantes y obreros en manifestaciones, atentados brutales de ETA...

Hasta despues de muerto, pudo marcar a una generación más....

Pero todo está lejos y olvidado...ahora toca luchar por la igualdad y la justicia social...una Europa común, y un mundo libre, y común para todos los seres humanos...

Aunque por desgracia, nos faltan grandes y también pequeños líderes.

Besitos amigo.

Codorníu dijo...

LYS:

Supongo que el valor tuvo que ir inversamente proporcional al paso del tiempo. Si en los años sesenta y setenta esa generación las pasó canutas, no quiero imaginarme los avatares que tuvieron que vivir los demócratas en los años cincuenta y en los cuarenta.

En esos comienzos, yo creo que la palabra "héroe" se queda pequeña y habría que inventar otra.

Codorníu dijo...

MANGELES:

Creo que tienes razón en eso de que todo está lejos, por fortuna. Pero olvidarlo tiene muchas lecturas. Muchos jóvenes de entonces, por ejemplo, se han pillado una amnesia hasta el punto de vivir en el más absoluto y patético limbo del ego. No digamos, los jóvenes de ahora.

Como tú dices, para luchar por la igualdad y la justicia social y un mundo libre y común para todos los seres humanos, es necesario no desconocer la semilla de la que proceden esos brotes que aún viven en nuestros corazones.

Besos para todos.

mangeles dijo...

Te recuerdo coleguilla....que a los que canearon cuando el "GUERRA DE IRAK NO"...fué a chavales, entre 13 y 18 años...menores, menores,menores...que yo les ví...en las manifestaciones a cientos...y a sus madres siguiendoles sin dejarse ver, y escondidas en las cafeterías de alrededor del Congreso de los Diputados...

Algunos son bobos como corresponde a su edad, otros son bobos y lo serán de por vida, ...pero hay muchos que son encantadores....

Besitos contestones

Codorníu dijo...

MANGELES:

Es cierto, las generalizaciones son todas un error. Pero ya me explicarás el porqué de esta miopía mía que me hace ver que estos polluelos están en otra onda.

Contestona.

Un bocata de besos, jeje...

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

...He tenido la sensación de sumergirme en las brumas del tiempo, sentarme en los jardines de Sabatini, llevar los ropajes oliendo anactalina, desempolvar el corazón en aquel expreso... Los ideales de entonces eran otra cosa; ahora no ha nada... nada.
Un beso a buen café, me ha gustado la sensación que me has dejado aunque sea triste, en la tristeza también encuentras puertas que se abren a la luz.

Codorníu dijo...

M.A. CANTALAPIEDRA:

También hay que decir en honor a la verdad que, a pesar de la tristeza que nubla la vida en ese momento histórico, a pesar de los miedos y los riesgos,los personajes de esa generación nunca pierden la fe en su capacidad de gozar y enamorarse; siguen amando, tienen un vigor, una ilusión, una esperanza, una dignidad y un sentido de la vida que ya me gustaría a mí verlo en la actualidad.

Aunque no quiero generalizar.

Besos madrugadores.