27 de enero de 2008

Por un arrabal oscuro de las afueras

Los hábitos son fatales. En seguida uno se acostumbra a seguir vivo, a tener salud; a que siempre haya alguien disponible para compartir unos delirios de taberna, un cine, o a tener a mano una buena colección de dudas entrañables y libros señalados con billetes de metro.
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Pero un día nos levantamos, y aquel soberbio refranero categórico se ha largado por el desagüe de la relatividad, y las reflexiones existenciales están ya camino del carajo.
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Sin saber cómo, una diáspora de sueños rotos deambula por un arrabal oscuro de las afueras, y es duro sostenerle la mirada a la noche que regresa al redil a lomos de un joven cometa. Todo huyó en un suspiro: en los ojos asoma –como mucho– una gárgola de incredulidad y asombro.

9 comentarios:

Rabel dijo...

Domingo que desafía a recuerdos y lunas venideras. Qué cerca de tus palabras anda hoy esta sensibilidad perdida mía. Me acurruco en ese rincón que dibujas y miro hacia la realidad con la incredulidad inmensa del que siente que regresa sin haber llegado al final del camino.

Y mucho más.

Gracias por los pasos compartidos. Por la palabra certera. Por la sinceridad de tus letras. Abrazo fuerte.

calma dijo...

Añoranza y esperanza en tus letras, dos palabras que taladran sentimientos, los míos a flor de piel. Los tuyos también me parecen intensos.
Un beso

PIZARR dijo...

Lo primero agradecerte que esta tarde me hayas descubierto, facilitando de esa manera que yo te descubra a ti.

Gracias.

Tranquilos todos... que lo bueno de los sueños es que como son intangibles, igual que se esfuman cuando menos lo esperamos, pueden volver de nuevo a invadir nuestra cotidianidad.

Eso te deseo desde el Mundo de mis Sueños.

Fermina Daza dijo...

Invocas la nostalgia, la melancolía y la soledad con tal contundencia que golpean al que te lee.

La próxima vez entraré a tu blog con casco y escudo.

Un abrazo intenso, como tus palabras

Irene

-Pato- dijo...

Por los callejones de mi ciudad, en los suburvios, he visto el desfile interminable de los sueños rotos y me he preguntado a dónde irían en franca armonía caminando resignados como si fueran al matadero, no encontré respuesta.

Leyendo a Pizarr recien tuve un ataque de esperanza y me dicho a modo de consuelo, se estaban yendo tal vez para dejar espacio a los sueños por venir.

Yo creo que ella tiene razón, que siempre la vida nos sorprende con algún sueño nuevo, recien hecho casi casi a nuestra medida.

Besos

Ispilatze dijo...

¿Nos acostumbramos, pepe? A mí sigue pareciéndome un regalo -quizá cada día más- esa mano amiga que te acompaña al cine, ese brindar de copas, esa noche en que te acuestas... y no te duele nada. Los sueños rotos, sin embargo, sí tienden a acomodarse y, casi sibilinamente, ir tomando posiciones; dominando el paso, el pensamiento, los recuerdos. Si aún nos queda el asombro... será el clavo (incluso ardiente) al que tengamos que agarrarnos.

(estoydelunesquélevoyahacer) :)

Dédalus dijo...

Estamos hechos de esa extraña y singular argamasa cuajada de hermosos sueños y de realidades urgentes y tiranas. Sin embargo, hay algo en nosotros que nos mueve a levantarnos, una y otra vez, cuando perdemos lo que hemos tenido o cuando, de otro modo, nos toca comprobar que el futuro que un día soñamos, sencillamente, ya no está en su sitio.
Sé que, como el planeta, la vida da vueltas que nunca uno llega a contar. Y que las cosas bellas que tiene (la vida) tarde o temprano vuelven a aparecer, cuando uno menos lo espera.
Un buen día dejas el terruño en el que día a día cultivas tus ilusiones y, dando un paseo, te chocas con él. ¡Perdona!, le dices perplejo. Y según caminas unos pasos, sientes la irrefrenable necesidad de volver la mirada, de correr hacia él y estrecharlo entre tus brazos... Y entonces te das cuenta de que contra quien chocaste era el amor, que se te apareció sin más ni más, a la vuelta de la esquina.

Hoy doy besos, Pepe. Sé que no te importa.

Clarice Baricco dijo...

Otra lectura más contigo y exploto.
Sólo siento al leer.

Abrazos.

carlota dijo...

Sí que es duro, muchas veces, cada vez más, "sostenerle la mirada a la noche".
Me sorprende muy gratamente tu forma de escribir.
Un abrazo