
30 de julio de 2010

26 de julio de 2010
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19 de julio de 2010

11 de julio de 2010
Queridos amigos del mundo, hermanos:
Como para sufrir ya tenemos y tendremos ciento una ocasiones -y sin que esto nos impida olvidar las penas negras con que los mercados “obsequian” a los pueblos a diario-, aquí saco, a la puerta de mi "boliche", unas cuantas sillas y este sorbete virtual que acabo de probar en mi cocina.
Se trata de un nuevo cóctel para invitar y festejar con todos vosotros (sí, tú también; que no me olvido de nadie y menos de ti), lo que estos chicos de mi país han logrado: quedar campeones del mundo en fútbol por delante (que no encima) de teutones y bóers.
Vaya este granizado para todos nosotros, los que celebramos las cosas sin que nos volvamos tontos de baba del Imperio, ni se nos pasen por alto las cosas importantes. Y en especial para nuestros hermanos del otro lado del Atlántico, a quienes prometí llevarlos en mi corazón hoy -en tierras de Mandela (27 años de cárcel)-, y gustosamente dediqué el esfuerzo de inventar este Daikiri gallego; porque gallegos fueron los más numerosos emigrantes del mundo y, simbólicamente, por extensión del término, todos nosotros:
INGREDIENTES:
50 cc. de ron blanco (yo soy fiel al Havana club)
50 cc. de albariño (los hay extraordinarios; pero mi corazón -y mi juventud con Saleta- siempre estará con Martín Códax)
¼ kilo de helado de limón (no les sugiero nada, no me gusta fingir y no tengo preferencias)
5 gotas de marrasquino (el original se importa de Dalmacia, en la costa del Adriático)
PREPARACIÓN:
8 de julio de 2010

2 de julio de 2010
En esta incierta hora...

Habibi, este vocablo árabe tan hermoso que repite Carlos Cano en esta canción, significa amado, querido, añorado. Una palabra que desaparecerá no tardando mucho, porque nuestra sociedad irá perdiendo todo vocabulario que no esté ligado al individualismo, arrastrada por un plan diseñado a la perfección por eso que llamamos (en un abandono de frivolidad) “los mercados”. Y es que el amor, eso que nos aproxima a la divinidad, no debería terminar -como no termina el color azul con el tono celeste o marino- en la relación objetal con la pareja, ni con el nido familiar.
Hay en nuestro interior un reclamo de amor social, un sentimiento de solidaridad, llamémosle X, del que de sobra sois conscientes sin que me extienda. Sin esa emoción, sin ese proyecto de que progresamos, sin esa construcción de futuro, uno no llega -ni de lejos- a la categoría de hormiguero o enjambre. Y sabe que sus días, su sociedad, están contados sin su esencia.
Su dolor al abandonar Sevilla (la canción lo refleja) no era por la ciudad, yo estoy convencido. Era el desconsuelo al ver como se pierde la vida, los avances de la civilización, la esperanza de un mundo más libre, su Ítaca: un trágico calco del momento que vivimos ahora. Pienso -salvando las distancias históricas- en los obreros del XIX, en los años de cárcel, en la muerte que les rodeó luchando; en la jornada de ocho horas, en los sufrimientos de los seres humanos por tantas y tantas conquistas; en los innumerables avances arañados en la sanidad, en el descanso necesario, en la Educación, en el salario justo, en las pensiones de nuestros mayores…
En Saleta, en Chumpéter, en mí mismo... .
Codorníu.
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