22 de julio de 2009

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Cuando Yailene vio que faltaba poco para la estación, se levantó y fue dando tumbos de lado a lado del estrecho pasillo hasta llegar al cuartito que hacía las veces de lavabo. Una vez allí, sin apenas sitio para cerrar la puerta, se giró como pudo y echó una mirada al espejo. Sentía como el lento jadeo de frenadas hacía vibrar su memoria de traviesa en traviesa.
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Con el traqueteo le costó acertar con el maquillaje. En su caso, era una tarea para pulsos lejanos, enterrados bajo la arena, cerca del mar. Pero lo había hecho tantas veces cuando el inconformismo mataba sus pupilas que ahora, apagado definitivamente el fulgor de la juventud, necesitaba realzar la dulce amargura de quien ya siente que le pesan demasiados adioses.

Seguía teniendo aquellos ojos grandes que le comían media cara. Y aquellas ojeras negras como túneles, donde cualquier minero descarrilaría su vagoneta con los ojos cerrados. Sin embargo, tampoco ignoraba que ahora las brasas de su boca tenía que repasarlas de carmín para ver como la mirada de los hombres se posaba en sus labios. O soltar un par de botones de su blusa, otro fuego aventado por la mente.

Pero, ese día, cuando se paró el tren y miró el andén desde lo alto de la escalera, sólo traía abiertas en las venas aquellas vías dispuestas a recibir aliento y ternura.
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No había engañado a nadie con su carta.
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Ni siquiera Chumpéter, que recogió la maleta de sus manos, estaba ya para remover cenizas en busca de rescoldos inexistentes.
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Codorníu.

13 comentarios:

Lena dijo...

A veces me quiero subir a un tren-

A uno que busque un pueblo del norte con muchas consonantes.

(Uno qe no pare hasta llegar allí).

Las cartas nunca engañan.

Besos, Ladrón de alientos, Sombrero Sonrisas...

FLACA dijo...

¡Me encantó!...
Algunas de las imágines me conmovieron totalmente.
La foto coincide totalmente con el personaje que imaginé.

Un abrazo.

TORO SALVAJE dijo...

Los años pesan y acaban con todo.
También con las estrategias para hacerles frente.
Al final siempre ganan.

Saludos.

mangeles dijo...

¡Qué bien que alguien te espere en la estación¡ y te lleve la maleta...es un signo de amistad y cariño.

El tiempo pasa para todos, y nos deja con pocas ganas de remover cenizas...y nos afea el cuerpo...¡es la vida¡, o mejor dicho...¡es la edad¡...y la vejez...

Besos

(También las hay que han hecho pacto satánico: MADONNA)

-Pato- dijo...

Qué pasaje maravilloso éste, me ha gustado tanto, tanto, es como un poema en prosa, como un viaje interno, ay no sé, me ha fascinado...

Yo encuentro que los años, es verdad hacen con uno todo eso horrible que ya sabemos, pero quien ha sabido capitalizar a su favor cada vivencia, tiene un encanto especial, quien ha sabido hacer de ese paso por la vida algo digno, es como un vino añejo, impagable!

Pepe, has leído a Juan Carlos Onetti? Te gustaría, me lo has recordado, tienen una forma de mirar los momentos, que me lo has recordado.
Si lo hiciste, me vas a entender, sino, es una humilde recomendación :)

Besos.

gaia56 dijo...

¡Qué buena esta serie de los trenes! cuentas escenas cotidianas de todas las vidas con la sencillez que dulcifica a la realidad
Sigue, sigue..
Un beso.

karina dijo...

Hermoso, hermoso Pepe, me ha fascinado también, he visto todo, las palabras elegidas eran cada una algo inesperado, colorido, particular, ese maquillaje movido, tan cotidiano y tan mágico. Así siente una mujer, tal cual.
Saludos embelesados!

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

... La foto le viene al pelo.
Me pasaría escribiendo historias del tren. es de los lugares más nostálgicos, románticos, solitarios para describir personas, escenas, vidas...
Más besos

FLACA dijo...

Es que el tren es como la vida, en donde uno marcha cargando con todos los vagones, con los momentos que van quedando atrás.

Es cierto que interpretaste perfectamente la picología femenina de las que somos mujeres maduras u otoñales, como digo yo. Por esas cosas que dicen algunas amigas tuyas más arriba es que te dije que me habían conmovido las imágenes que aparecían en este relato.
Rescato de Yailene, a pesar de lo vivida y del desencanto, ese traer "en las venas aquellas vías dispuestas a recibir aliento y ternura" y la fuerza de llegar aún a un encuentro en la estación. Me sorprendió que Chumpéter fuera a esperarla pero no estuviera dispuesto a remover cenizas para avivar alguna llama de ésas que los ha encendido alguna vez.
Lo grandioso de estos personajes es que ellos siempre, desde el principio están en el final; hay un desencanto que ya es como un color en sus vidas. Con ellos siempre tengo la sensación de que su historia es una sucesión de encuentros que no esperan ser más que eso, momentos. Pero de ellos se va creando una larga historia teñida ni siquiera de dolor, sino de una tristeza cansina o melancolía.
Me sorprenden mucho los nombres de tus personajes, jamás los había visto aquí en esta región.Me gustan.

mangeles dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con la FLACA...me ha encantado su comentario.

Oye..y el CHUMPERCHUTER ¿no está un poco anestesiado?...dale un poco de marcha ...juer...que se curre el aire que respira...algo de riesgo...no sé....

Bueno...esperemos a ver el desarrollo del relato..



Me encanta como escribes Pepe

calma dijo...

Yo es que contigo deliro, viajo, sueño, lloro si se tercia, me haces sentir tantas cosas que a veces tengo que venir preparada, porque según como me encuentre...pues eso, que me remueves toda, en esta ocasión como dice la flaca tan bien, me siento reflejada en algunos aspectos, lo que yo a chumpeter, me lo comía directamente, a besos.
A ti también.
(espero que siga la recuperación de tu hijo, que tengáis un estupendo fin de semana)

calma dijo...

se me olvidó hacer mención a la canción que es delirante de bella.

lys dijo...

Nada en mi vida esta asociado al tren ni a las estaciones, han tenido poca influencia en mi vida y lo siento, son tan románticas... sin embargo he captado ese rictus algo tenso en ambas sonrisas.

Un beso.