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Según lo leía esta mañana, y me iba ahogando como si masticase una ristra de chiles cascabel, pensé que sabiendo manejar bien el piano y un poco la cámara, saldría adelante una cinta para ir matando de pena y angustia al espectador más preparado.
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Véase http://contartecosas.blogspot.com/, lectura recomendada para todo aquel que todavía tenga clavada en el corazón una estaca que le impida ver que el trabajo va mucho más allá de las ocho horas estipuladas. Que por debajo también se dan patadas. Y de las peores...
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Y es que no hace falta envenenarle a uno de golpe con una dosis letal que termine en instantes. En este clima laboral te traes a diario una cápsula imperceptible, pasada por alto en todos los convenios colectivos (que yo sepa), y ¡plaf!, a casita... a que te ayude la familia, el herbolario, el Insalud, el Zen...
Se trata de veneno, que -en el mejor de los casos- se queda sin computar. Luego, con valeriana o sin ella, te lo tienes que comer tú solo porque no te consuela ni dios. Indignante que todo eso no cuente para nada ni se ponga encima de la mesa cuando los agentes sociales se sientan a hablar de horas de trabajo, competitividad, reforma laboral, costes salariales, etc, etc.
Se trata de veneno, que -en el mejor de los casos- se queda sin computar. Luego, con valeriana o sin ella, te lo tienes que comer tú solo porque no te consuela ni dios. Indignante que todo eso no cuente para nada ni se ponga encima de la mesa cuando los agentes sociales se sientan a hablar de horas de trabajo, competitividad, reforma laboral, costes salariales, etc, etc.
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Todo el mundo sabe de lo que hablo. La flecha ha atravesado la manzana de un disparo certero, y dar en el clavo es parco reconocimiento. Ojalá no sea tarde cuando los trabajadores acertemos a recoger del suelo esta bandera que nunca antes los sindicatos levantaron.
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Gracias, Mª Ángeles. Nunca debimos dejar de pedalear; aunque fuese cuesta arriba.
Codorníu.
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Gracias, Mª Ángeles. Nunca debimos dejar de pedalear; aunque fuese cuesta arriba.
Codorníu.
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