22 de junio de 2008

Como decía Unamuno: «Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y la vida es esto, la niebla»

Yo añadiría que podemos verla detrás de las ventanas de cualquier ser humano donde aparecen asomados de forma inevitable todos sus seres transversales.

La mayoría, apenas llegan a quedarse en nuestra memoria; pero cuelgan de un hilo que se alarga eternamente como una hebra borrosa, una nube sin rostro, o un breve acontecer que cruza y se pierde.
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Nada sabemos salvo eso: que ahí hubo algo, a veces asociado al vértigo, que sigue haciendo un ruido de fondo.
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21 comentarios:

Inuit dijo...

Yo sí que creo que se puede sucumbir a las grandes penas individuales.También creo, que pocas veces reconocemos lo que se oculta en el fondo de cada ser, y que son pocos los capaces de entender los gestos y no gestos sutiles ,de las expresiones, que se esconde en cada uno.
A veces, intuimos o sabemos algo del otro, porque eso mismo existe o existió en nosotros, pero la inmensa mayoría de veces nuestro autismo hacia el otro no nos deja ver su paisaje.
Auroras a la luz clara y precisa,también, resplandeciente y evocadora de los mundos que habitan en ti, si nieblas.

ana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ana dijo...

En los desvanes emocionales, guardamos rostros, guardamos viejas miradas, música grabada en el umbral de la distancia, guardamos encima de todo eso para que no se empolve demasiado, la esperanza. La de subir un día y desempolvarlo todo, y como quien mira fotos antiguas, ir recordando lo que fuimos, que no es otra cosa que parte de lo que somos. Y nos colocamos el sombrero de apasinamiento y cruzamos las laderas del pasado como si se tratase de la puerta de al lado, y volvemos, taciturnos y nostálgicos, llenos de ira y rabia por lo que ya no está y por lo que ya no somos. Y en la mano, una entrada para el nuevo estreno de nuestra vida, que nos espera, nuevos actores, nuevos locales, nuevo vetuario y música, pero siempre el mismo guión...
o parecido.
Un beso fuerte Pepe,
buen verano,
ana

calma dijo...

Pepe amor... como me encontraste???
Bueno... que te voy a decir, que hubiera venido a por ti seguro, que necesito apartarme de un montón de personajes dañinos, gente inmadura que me ha hecho daño, pero nada más cielo, yo sigo con este blog ahora, tranquila, y buscando la poesia, desde dentro y para mi yo más profundo, y siempre para ti mi Pepe... si la quieres.
Maravillosas letras has escrito llenas de sabiduría y fragilidad, y siempre esa ternura que rezuma de tu preciosa persona.
Besos mi niño querido

Sibyla dijo...

Hola Pepe:
Pienso que ese ruido de fondo nos seguirá mientras vivamos, forma parte ya de un apéndice emocional que siempre nos acompañará.
Me encanta tu forma de escribir y transmitir sentimientos...

Un abrazo:)

alfaro dijo...

He hestado aquí más veces, pero hoy me quedo un poco entre la voz de ¿Bonet? y esta foto, un café, un libro y me paso la tarde del domingo sentada en esta buhardilla..., lástima que la hayan vaciado.
Seguiré viniendo, de vez en cuando.
Un abrazo.

María Jesús Lamora dijo...

No se me ocurre escribir nada. Me quedo con las palabras que tú colocas en un blog. Porque me encanta.

Sasian dijo...

Ese maldito vértigo que por sabido, impide que actuemos, que no nos deja romper y cruzar al otro lado, para dejar de oir ese ruido de fondo y así romper esa hebra borrosa, por la niebla-vida que tan bien es capaz de definir Unamuno.

A veces, esos seres transversales son los que nos permiten seguir sonriendo, porque, aunque no seamos capaces de cruzar solos, nos ayudan a intentarlo.

Entendido cruzar al otro lado como pasar página.


Es real, Pepe, más real de lo que a mi me gustaría...


sasianp@gmail.com

brujaroja dijo...

Los seres transversales... Menuda colección que vamos guardando con los años. Menudo catálogo de pequeños desastres, de memorias rotas, de desamores oscuros... y menudo vértigo asomarse a ellos...
Y me hablabas tú de la conciencia descarnada de lo perdido... pues anda que lo oculto... no sabría decirte qué es peor.
Besos, para compensar el vértigo

Bel dijo...

A veces la tragedia es tan intensa (por dentro, como decías ayer, no necesariamente para el observador) que desvanece a la niebla y todo se muestra con el más nítido y agudo perfil.
Pero aunque no comulgue en esto con uno de nuestros ilustres clásicos, sus palabras son siempre atractivcas y las tuyas, con todas esas imágenes en la niebla, el vértigo y el ruido de fondo final, una maravilla.
Y llegó el verano. Que lo pases lo más nítidamente feliz posible.

Lena dijo...

Me gusta el vértigo.

No sé por qué.

Un beso, ladrón de alientos....

Mityu dijo...

Y sin embargo, esa niebla, que puede durar toda la vida, también puede espantarse en un segundo. Justo en el instante del vértigo en que uno decide lanzarse a romper con todo lo que ha aprendido, lo que ha acumulado durante su caminar y ponerlo del revés, liberarlo de cualquier enfoque que previamente tuviera, atreverse a usar otro espejo para mirarlo, para vivirlo.
Desapegarse de las emociones que envolvieron los pasos, despojarlo de todo lo que no sea un báculo nuevo: el amor como caleidoscopio, no como antifaz.
Echarse de nuevo al mundo, recién parido de sí mismo.
Para afrontar el desafío de vivir.

Un beso

-Pato- dijo...

¡Cómo me gustó Niebla de Unamuno! adoré leerlo...

"ahí hubo algo" tener esa certeza es lo que nos saca un poco de la niebla, ese vértigo, ese brillo, esa visión nítida de pronto, ese "algo" es lo que justifica esta vida.

Hermoso, Pepe, besos y si, encontré lo que buscaba, estuvo bueno intentar el sí :)

Sofía dijo...

Entré a conocerte
y me ví reflejada en tus letras.

Asi está mi dia, gris y en niebla.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Quizá porque crecí en tierra de nieblas, me fascina su magia, sus velos sin matieces hablando de ti mismo, de los otros. Envolviendo a su paso las esencias del ser humano y dando paso a la imaginación.
Oye Pepe, ¿quién canta? es preciosa la canción tanto la letra como la guitarra.
besillos

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

... Ah, Unamuno me encanta.
He dixit

alfaro dijo...

Buenas noches, las mágicas de hoy, de San Juan,
he puesto un link de este blog en mi ciudad, espero que no te importe, si no es así, me lo dices y lo suprimo.
Un abrazo.

Maria Coca dijo...

El vértigo de la vida que pasa y no cesa... del tiempo y de todo cuanto nos ocurre. Así es.

Besos desde mi orilla.

mera dijo...

Me tomé un breve descanso, vuelvo a leerte con el mismo entusiasmo y con la misma necesidad que tú tienes de escribir. En el sur estuve en un lentiscal, donde no había una puta taberna. Un abrazo, poeta.

FLACA dijo...

Unamuno era un sabio.Es cierto, no sucumbimos ante las grandes pasiones ni los grandes dolores, lo que nos mata es esa niebla de pequeños incidentes, es decir la vida.El poco a poco, más o menos, siempre igual y siempre gris es que nos mata.
Es cierto, claro que él dice eso, que lo que nos mata es la vida, porque nunca tuvo que conducir atravesando una nube de niebla de 8 km., como yo hoy para volver de mi trabajo desde Canelón Chico, en el campo, a mi casa en la ciudad. Mañana tengo que volver de noche y, si la niebla sigue como hoy, ruego a Dios que no vaya a sucumbir en sentido literal en medio de la niebla y la carretera.
Hablando en serio, con Ana yo no me escribo, pero siempre leo sus comentarios y alguna vez su blog. ¡Qué sensibilidad exiquisita!... No voy a decir nada de tu posteo porque ella ya lo dijo todo mucho mejor que yo, no puedo agregar ni sacar nada,estoy en un todo de acuerdo con ella.
A Codorníu le digo que si estando en un lugar hermoso junto al mar en el verano, con arena, sol y taberna, anda así de gris, qué deja para esta uruguaya sumida en la vorágine del trabajo y los quehaceres domésticos,soportando el frío invierno, los días grises, la lluvia y la niebla en esta fea ciudad- que no es Montevideo- que no le gusta para nada.
El cuadro que colgaste, no sé por qué me recuerda a la escenografía de la película de Antonio Giménez Rico, basada en la novela de Miguel Delibes,"El disputado voto del señor Cayo". Me la juego a que la viste; decíme si sólo no falta ahí Paco Rabal solo, en esa desolación, mueriéndose.
Un abrazote.

FLACA dijo...

quise decir "muriéndose ,además, de pena"