7 de mayo de 2008

Saleta llegó aquí sentada en las sacas del correo aprovechando que la primavera había dejado atrás los temporales de invierno y se podía cruzar en barca hasta el puerto. Tenía su pasado, como todos los seres humanos; pero saltaba a la vista que lo llevaba descosido de pisárselo. Al menos, eso decían sus ojeras; o eso leían las mías cuando nos cruzábamos ocasionalmente por los senderos que bordeaban las escarpadas paredes de granito de los acantilados. Qué más da si, cuando nos vimos la primera vez, esos ojos me parecieron azules como el oxígeno del agua, o verdes como los viñedos de la Ribeira Sacra...
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A veces pienso en cuánto me gustaría equivocarme. Y que, perfectamente, en ese primer bosquejo, en esa sacudida inicial, tal vez fueran grises, o marrones, o negros... y que yo pusiera el resto, los molinos, las andanzas... porque ya no vivo para correr tras los pigmentos de las almas, ni tampoco persigo la interpretación objetiva de las expresiones. Sé que esta "indiana" desacoplada y tardía, además de un traje blanco de lino y un libro de Robert Musil (El hombre sin atributos) -del que no se separaba jamás-, era dueña de un baúl desvencijado, heredado de un abuelo gallego, y un estuche de mano de astrolabios de colección, casi todos llegados de Londres a través de la Guayana inglesa.

El libro me basta, aún hoy, cuando coincidimos en las fiestas, para que siga aflorando la huella de aquella primera impresión que todavía me intranquiliza. Su lectura me sugiere una respuesta que -antes que ella pregunte- me permite deslizarme como una sombra por su lado. Sin nadie que me ayude -ni yo lo pido-, llevo años luchando por desmontar su recuerdo punzante.

Quizá, simplemente, anden proyectándose en ella cosas mías, restos amontonados de más de un naufragio inconfesable, figuras que hace la espuma batida con los años...

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Codorníu.

17 comentarios:

Sibyla dijo...

A veces, hurgar en el pasado, es como andar en un campo poblado de minas...
En el momento menos esperado, alguna puede estallar, haciéndonos revivir sentimientos que creíamos anestesiados...

Bella forma de contarlo, todos guardamos algún naufragio inconfesable.

Un abrazo:)

Margot dijo...

La mujer sin atributos era ella por eso no consigues recordar el color de sus ojos y por eso cargaba con un pasado como el bajo de unos pantalones roídos (magnífica imagen dibujan esas palabras, te lo aseguro).

Siempre acabamos por proyectar en aquellos que nos seducen (las razones o el tipo de seducción es indiferente) atributos propios o deseados. No me parece un mal juego. No señor.

Un beso!

FLACA dijo...

Impresionante esta experiencia de Codorníu, la pintura de ese lugar, la fotografía de esa barca que ya no es barca sino un jardín flotando, el retrato de Saleta más que por sus rasgos por la impresión que causó y por los objetos que la definen, y la música.Hermosa unidad.
Antes de ponerme revieja quiero contemplar un lugar así, para eso guardo sin gastar, desde hace tiempo, muchos días de licencia que no me tomo. ¿Esos mares de Codorníu son de Galicia?...

El último párrafo lo dice todo.
Un beso.

ana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

El ser humano está hecho de naufragios, son los que cosen caracter al alma.
Es de tus pots más bonitos que te he leído.
Tienes un estilo propio que rezuma pensamiento, intimismo. Cualquier lector puede hacer propios tus pensamientos. Ahí reside tu duende, Pepe.
Un besote de buenos días

ana dijo...

Quizá Robert Musil en su libro, "El hombre sin atributos" sea la clave para entender algo que se me escapa. Leo entonces que este libro intenta ser la búsqueda de una teoría del sentimiento que dé salida a las emociones atrapadas en un sistema asfixiado por la ciencia y la complejidad de la vida.
Y entonces solo llego a la conclusión de antes. Eres una persona con un fondo espiritual enorme y profundo.
Claro que por ahí siempre andan restos de nuestros naufragios, pero ¿inconfesables? Aquí hay más de una confesión.

(Me parece un instrumento precioso el astrolabio, Pepe, en una ocasión lo puse en una entrada del blog.)

Me gusta leer todo de Saleta, pero quizá necesite de un astrolabio para porder llegar a verla de cerca y saber si son azules o grises o marrones sus ojos.
De momento sé que supieron mirar de manera que no se olvida.
Un beso Pepe,
ana

brujaroja dijo...

Hola.
He llegado a tu blog por una de esas navegaciones azarosas y me he quedado absolutamente seducida. Por muchas cosas: por lo buenísimos que son tus textos (chapeau) pero también porque tu barra lateral (la barra lateral de tu blog) es un repaso a mi educación sentimental, los años de instituto con un profe de literatura muy enrollado, que nos ponía a Zeca Afonso, y a Raimon, que me habló de alguien llamado Víctor Jara, que convertía los poemas en algo muy diferente a lo que aparecía en los libros de texto, aunque fueran las mismas palabras...
En fin, que me anoto este blog en mi bloglines y volveré a visitarte muchas, muchas veces...

calma dijo...

Nunca me atrevo a comentar lo que escribe alguien, porque opino, que sólo el que lo escribe es dueño de la verdad de lo que dice, por tanto no me gusta hacer comentario de texto, lo que si te te digo Pepe, son mis sensaciones, porque son mías, y en esas no me equivoco seguro. Y me llegas al alma y a la piel, a los sentidos, a todos, y navego por la belleza de tu blog y tus viviencias, y me entusiama.
Aunque todo eso... ya lo sabes ¿verdad?
Besets dolçets per tú
(qué foto más maravillosa)

-Pato- dijo...

Qué nostálgicamente bello es este texto, creo que en el momento que lo escribiste estabas en la cumbre de la sensación y que la atrapaste para felicidad de quienes te leemos.

Besos

Dédalus dijo...

Precioso tu relato, Pepe. A veces los recuerdos son eso que tú sugieres al final: derrelictos de un naufragio que tuvo lugar en algún insospechado lugar de nuestro corazón. En él, guarda todo esto: tus letras, los fotogramas casi desleídos por el paso del tiempo, aquella impresión de ojos... Todo ello te pertenece y es sumamente hermoso que lo tengas delicadamente prendido en tus más íntimas fibras.

Un abrazo, fenómeno.

Frabisa dijo...

Los recuerdos con el tiempo se reinventan, adquieren nuevas formas y aromas frescos.

El tuyo huele a morriña teñida de azul marino.

Entrañable relato.

un beso

Fatima dijo...

Me quedo con eso de "llevar el pasado descosido de tanto pisárselo".... Muda. Me quedo. :) De esas expresiones que te queman los ojos y los oídos.

Bonito relato... y bonito castillo (escocés) ;p

FLACA dijo...

Gracias por tu respuesta allá,amigo.
Desde que leí "Los gozos y las sombras" y vi la serie en la TV hace poco menos de 30 años, sueño con esos mares y con estar en esos pueblitos cuando me siento cansada. Es curioso que casi pueda identificarlos, por tus palabras, sin haber estado nunca allí.
El domingo, por ejemplo, no sé lo que hubiera dado por estar adentro del paisaje que estaba contemplando Codorníu. Seguramente no hubiera estado escribiendo ni pintando, sino con la mirada perdida en el mar,tomando mate, y solamente eso porque ahora no fumo. Pero qué lindo hubiera sido fumarme un buen cigarro allí. Te dije que siempre guardo esos días de licencia sin gastarlos por si puedo ir algún día a perderme en esas lejanías,esos pueblos y esos mares: lo que no te dije es que lo que nunca puedo guardar es plata. Así que me conformo con lo que hay, y cuando puedo me voy acá, a la Costa de Oro.

PIZARR dijo...

Pues me ocurre Pepe como a Calma, que tus letras son tuyas y solo tu conoces su secreto.

Pero a mi me hablan de intensas emociones del pasado. De enigmas de piel sin resolver. De una bellísima manera de describir a alguien... de tantas cosas.

Al fin y al cabo se trata de sentir cuando leemos algo ¿verdad? pues contigo no te quepa nunca la duda de que SIENTO.

Un beso trasnochador en exceso hoy

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Buenos días Pepe per la matina.
Una cosita: he utilizado una expresión tuya en un post que acabo de colgar y pongo, por supuesto, que es tuyo con la dire de tu blog.
Espero que me disculpes; me llegó hondo esa expresión tuya.
un besillo

Sasian dijo...

Qué difícil es desmontar recuerdos punzantes Codorníu, tal vez por eso no puedes hacerlo a pesar de intentarlo. Al igual que el libro elegido por tu indiana, es una historia inacabada... ¿como poder hacer salir a los sentimientos?.
Te atraparon unos ojos azules, verdes, marrones... que más da. Puede ser que te atrapara el enigma.


Describes como nadie los sentimientos.
Gracias por tu blog.
Un abrazo

Mityu dijo...

Ese indudable talento narrativo recrea los sentidos, traspasa memorias, proyecta emociones. ¿Cómo podría el autor escapar de sí mismo?

Un Post mejor que bueno.

Saludos