16 de febrero de 2016

Pepe, tío Pepe para todos nós.

Teño especial querencia pola xente que naceu en febreiro: Andrea, Iria, Alberte, Pepe, Marisa… as miñas queridas irmás… e naciches ti, benquerido Pepe.

Febreiro é tempo da Candelaria e de San Brais,  desas festas tan propias que poñen o pano ao inverno e abren as portas a unha nova primavera.

Ademais,  Febreiro é un mes máxico para os galegos :
- Os días duran máis e o sol xa quenta un chisquiño.
- Comezan a florecer os salgueiros, as mimosas, os pexegueiros, os loureiros, os toxos…
- Nacen as patacas de cedo. Os fentos (ou fieitos, como dicides pola Terra Chá) botan esporas.
-Os gatos  e os esquíos entran en celo.
-Os paxaros casan.
-Nos ríos aparecen as primeiras troitas.
-Os rapaces atopan os primeiros niños de merlos e pardais.
-Xa se escoitan as rás nas charcas e vanse da Lagoa de Cospeito  algunhas aves que viñeron a invernar.

 Será por iso polo que sodes tan especiais os febreiráns, os nacidos neste mes. Especiais e orixinais coma o propio mes, que como sabes tiña 30 días, pero dous emperadores romanos –os de Lugo diso sabedes moito-  roubáronlle cadanseu día para facer máis potente o mes  que levaba o seu nome: Xulio César para Xullo e Augusto outro para Agosto.
       
Todas estas concorrencias fanvos únicos e inesquecibles. Por iso estamos hoxe aquí para compartir contigo esta data tan extraordinaria.

Querido Pepe, aínda me lembro cando te coñecín. De soldado, eu. De tío de Madrid, ti. Amable, correcto, discreto e servizal. Sempre coa tía Estrella ao teu carón, ensínacheme Madrid nunhas longas andadas. Amena e versada conversa, pero cun ollo posto en min e outro na filla de teus cuñados de Lugo…

Aqueles encontros tiveron outros e, xa na familia, foron moitas as cañas na Cava Baja, nos areais de Alicante e agora nesta paisaxe estraña de Madrid.

Ao longo deste tempo, apreciei en ti os trazos propios da bonhomía: delicadeza no trato, tenrura na proximidade, sinxeleza no comportamento e espírito observador na túa faciana, e por riba de todo fidelidade á terra e á túa xente.

Propiedades Pepe, que te fan merecente dos dous adxectivos máis fermosos que cantamos no noso himno: bo e xeneroso.

Un galego bo e xeneroso pero tamén sabio que, coma aquel Balbino do conto de  Neira Vilas (este ano por certo orfo), fuches un neno da aldea, un neno pobre, un ninguén, para acabar sendo un home rexo e firme coma un buxo... aínda que con raíces  de Pino.

Quixera rematar este enredo no que me meteu o teu fillo, cun verso doutro chairego coma ti, que está de actualidade este ano: Manuel María, o poeta de Outeiro de Rei que describe magnificamente a túa querida terra, pero que, lendo de vagar ben podería perfectamente referirse a ti:

Ollade a Terra Chá dende as alturas,
é semellante a un mar en calma.
Pra medila só valen dúas mensuras:
Ferrados de corazón, fanegas de alma!

Parabéns tío Pepe por esta longa andaina e grazas por deixarnos facer este camiño xuntos.

Emilio Castro Fustes, 13 de febreiro de 2016.

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(Muchas gracias, Emilio. A ti, a toda la familia de gallegos que vinieron al cumple y a todos aquellos que -no pudiendo seguir a mi padre en su longevidad-, estuvieron inequívocamente presentes en este homenaje, participando desde nuestros corazones)

Codorníu.

7 de febrero de 2016

En el centésimo quinto aniversario de Pepe citemos a Shakespeare, trayendo quizás la línea más famosa de Enrique V: “Una vez más en la brecha, queridos amigos”

Pues bien, una vez más en la brecha, queridos amigos, alrededor de Pepe Padre para los que nos movemos por esta turbamulta de Madrid, tan cambiante, tan imprecisa, tan estridente y tan oculta; una turbamulta de tabernas y plazas, de mercados y corros que se resisten a disolverse así lo aconseje la hora, así lo ordene la autoridad, francamente incompetente en la mayoría de las ocasiones. 

Como ya se hizo notar el año pasado por estas fechas, Pepe forma parte ya de este paisaje alegre y desquiciado; es uno más, desde mucho antes de que naciéramos casi todos los presentes, en la lucha por rescatar a Madrid de la barbarie, por reconquistarla para la libertad y la sensatez. No se ha dejado la vida en ello, sino que ha preferido enseñarnos a acaparar vida extrayéndola desde los escombros y la miseria moral que nada en billetes, chanchullos y solares para devolverla a su lugar, a la calle, al mediodía inacabable de vermú y conversación, a las palabras que dicen realmente y a la dignidad de quienes, como él, siempre han levantado la cabeza con firmeza ante tanto retoño de cortesana como pulula, maqueado fetén y apalancado en el asiento de atrás de un buga, de la hostia, eso sí. Lo que quiero decir, estimados allegados venidos de allende internet, es que nos  lo quedamos. Que Pepe es nuestro, vamos. Lo que no le impide ser muy suyo si la ocasión lo requiere. Supongo que todos los asiduos saben que me refiero a esa expresión risueña con la que nos recibe cada vez que rendimos visita; una expresión que denota cariño, ilusión por el encuentro, afabilidad, memoria dispuesta a recoger más sensaciones del momento que se abre… y algo más;  un rasgo intencionado, sutil y malévolo, bienhumorado y esquivo como la finta de un boxeador: Vamos, que una pizca de cachondeo se guarda el bueno de don José en la sonrisa. Que más de una vez me he dado la vuelta para ver si detrás de mí sucedía algo llamativo, o he bajado la mano con disimulo en busca de la bragueta presuntamente abierta. Y no; ni estaban las vergüenzas al aire ni se aparecía la virgen a mis espaldas. Lo único que he constatado de esa sonrisa polisémica es que ser un cachondo (siempre en su justa medida, nobles amigos) es condición indispensable del sabio. Demasiado ha visto y demasiado ha aprendido Pepe para no sonreír ante nuestra prisa, ante nuestras preocupaciones (que nunca desprecia por nimias: más bien las comprende y las hace un poco suyas), ante nuestro aprecio y ante nuestra insana costumbre de saltarnos el régimen y sentirnos culpables. Sé que se ríe de lo segundo, no de lo primero.

Suyo, nuestro, de la meseta, del prado, de la ciudad… ¿De dónde es Pepe, al fin y al cabo? Se atribuye a Richelieu la sentencia que asegura que basta con hacer cónsul a un gallego, pues él sabrá buscarse el consulado. No creo que una representación diplomática haya sido nunca el anhelo de Pepe, porque no creo que pueda ser el anhelo de nadie que se tenga por sensato. Al fin y al cabo, representar a una nación es reconocer que las naciones existen, cuestión sobre la que siempre he tenido dudas mucho más que serias. Nunca he sido capaz de sentirme parte de un lugar, ni he sido capaz de aceptar los honores y deberes que una patria exige. He leído con fruición las memorias de Pepe, que tan diligentemente ha editado su hijo, Codorníu para los de estos andurriales, y he encontrado un sentimiento parejo. Ni se defiende una tierra, ni un nombre, ni una bandera; se defiende la libertad, la dignidad, la honradez, el trabajo y el amor. No es verdadera pasión la que pueda despertar un himno, un idioma, o un escudo, sino la que se siente en una buhardilla, en un baile de domingo, en un bolsillo lleno de esperanzas, en el abrazo de un compañero muchos años después, en una mujer, en un hijo. Pepe, y respondo la pregunta que dejé en el aire, es de aquí (sea donde sea), y de ahora (sea cuando sea), porque es de todos nosotros, que es una forma realmente elegante de ser, como ya se ha dicho, muy suyo.

Por cierto, y para los amantes de las cifras: a los treinta y siete mil novecientos ochenta y seis movimientos de rotación que festejamos el año pasado hemos de sumar otros trescientos sesenta y cinco, por lo que el cómputo total de amaneceres y crepúsculos que ha completado don José asciende a treinta y ocho mil trescientos cincuenta y uno, lo que es muy fácil de decir, pero muy arduo de vivir.

Sólo me queda proponer el brindis de rigor, por Pepe, por supuesto, pero también por todos los que entráis aquí, pues quiero terminar con la misma cita de Shakespeare con que empecé para indicar que cuando este día sea nombrado, todos los que estuvimos aquí, a su alrededor, nos pondremos de puntillas, sabiéndonos honrados.

Álvaro M.R.

(Muchas gracias, cuñao)
Codorníu.