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Tranquilos, amigos. Estos periodos de "despiste" no son raros en mí. Me encuentro bien. Como decía unos días atrás: Incluso mejor que hace tiempo. De vosotros, me acuerdo cada día. Únicamente, necesito saber por dónde salir de esta calma chicha. Que no lo sé... ni siquiera lo intuyo. Habrá que confiar en que levante la bruma no tardando...
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Mas no quiero que acabe abril sin hablar de Abril, con mayúscula, un nombre luminoso, radiante, rompedor. Veréis porqué: antes que los caminos de la Historia y la primavera se cruzasen, he tenido una sobrina. Los padres, con mucho acierto, le han puesto Abril. Precioso, ¿a qué sí? Pues, para ella (y para todos vosotros) es este hermoso ramo de claveles.
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Pero también, abril es un mes de onomásticas entrañables. El pasado 14, fue la conmemoración de la II República española. Nuestra sociedad tan resignada, ya no se plantea una presidencia del Estado racional y lógica. Nos hemos vuelto, tan "prácticos" y "funcionales", que eso de que se transmita por herencia un rol tan representativo de un pueblo, es algo asumido con total indiferencia. Como si nada. Como pasa con todo. Apenas se hicieron actos de conmemoración, y mucho menos de reivindicación. Al parecer, eso de pensar ya no es cosa del español de hoy. La mayoría, conoce a Machado porque le suena de algo. No tardando mucho, preguntarán en qué equipo juega. Los demás, los que lo saben, prefieren mirar tristemente para otro lado: no vaya a ser que el pobre levante la cabeza...
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Otro acontecimiento de este mes tan especial fue el pasado día 23, cuando celebramos el día del Libro. Una gozada en la que disfruté como un enano. Supongo que vosotros, también; cada uno a su manera. Yo estuve en una lectura de relatos con una canción elegida de fondo por cada lector, incluido vestuario acorde. Fue una puesta en escena muy lograda. Eran mis compañeros del Taller de los miércoles, donde tengo muy buenos amigos y amigas.
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A lo largo del día, los "amigos invisibles" me trajeron "Ian McEwan" (Anagrama), "Campo de amapolas blancas" (Tusquets), "Mil cretinos" (Anagrama) y "El amor de una mujer generosa" (RBA). Os los recomiendo, estoy leyendo los cuatro a la vez, y me encantan. ¿Qué cómo lo hago? Veréis: Uno es para el cuarto de baño por las mañanas; otro, para después de comer, o con el café con leche al volver a casa; el tercero, para los mostradores, antes de cenar, cuando bajo a tirar la basura (ya sabéis: yo no entro jamás en un bar sin un libro); y el último para la mesilla, por las noches.
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Y la última: hoy, día 25, es el 34º aniversario de la Revolución de los Claveles que, si recordáis una entrada mía, viví a las pocas semanas en un viaje relámpago a Lisboa con Saleta y unos amigos. En mi recuerdo sobrevive una imagen clara de aquellos momentos. En nuestro caso, como estábamos tan cerca, fue como si los acontecimientos hubieran pasado de este lado de la frontera. Y así fue: pasaron como las nubes por encima de nuestro país; pero descargaron el agua de la libertad en la tierra de nuestros vecinos portugueses. Os paso dos enlaces de YouTube, para actualizar la memoria; que no está de más tomar fósforo de vez en cuando. Además, se merecen que les recordemos. Porque fue un hito histórico que el propio ejército liberase a la gente de una dictadura y les trajese la democracia. Si viviese, las palabras del Che, serían:"Esto es increíble".
En fin, como decía María del Mar Bonet: "Ay, abril, mes amoroso..."
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Qué pena que se acaba.
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Codorníu.
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