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Le pareció tan grande y hermosa como un futuro. Su vista no cabía en una sola ventanilla, por eso tuvo que mirar también por las de al lado para poder verla toda de golpe. Los chavales, como él, agitaban la mano desde la calle y saludaban al pasar...
Mi madre aún no estaba a su lado, todavía no se conocían; pero él ya intuía que sonreía como yo, como hacemos en algunas fotos porque lo llevamos en la sangre. A Miguel, también lo traemos en la sangre trompicando desde una aldea gallega. Su pelo rubio oscuro, el viento en la cara y eso de la sonrisa lo cantan a las claras.
Mi padre aprendió a hablar castellano muy rápido, porque le sonaba a fino y a ciudades bonitas. Venía a segar con dieciséis años, tan sólo. Y tan solo.