Los corazones de los hombres se reconocen en la misma soledad.
Como los zapatos.
¿Por qué extrañarse entonces de esa atracción para compartir la soledad?
Todo: las palabras, el dolor, la herida, los cuerpos, la sorpresa... empujan a ello.
Todo a través del diminuto instante donde se acumulan los siglos, y los sueños sueñan lo que no se puede decir.
Codorníu.