…mi cuerpo reflejado se detiene en los escaparates…
levanta el dedo y con temor repite:
no vas a cambiar nunca,
no vas a cambiar nunca.
.....................(Luis García Montero)
.....................(Luis García Montero)
Es la luz del amanecer -que se cuela a través de los visillos esperando a alguien que se parece a mí- la que quiere evocar aquellas llamas doradas de entonces y volver a soñar con las quimeras que nunca se cumplieron.
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Ya no hay planes que valgan para contarle a alguien, lo sé. Me ha costado la noche recordar aquellas frases, cuando la primavera era perpetua y los arroyos brincaban desmontando las nieves. Sólo juego al tran-tran hasta la madrugada. De testigos: los soportales de Santiago, mudos. ¿A quién podría importarle si no a ellos?
Sé que ya no son horas de convocar a los amigos a arrebato. Tampoco de entregar para el olvido más recuerdos de los que con la edad vamos perdiendo. Así que -con las últimas nieblas del pasado- trencé un esfuerzo ante este ventanal de vidrios emplomados que da a un patio alfombrado de hojas muertas, y dejé pasar la noche como pude... acariciando el musgo descuidado del alféizar.







