Vaya cóctel.
8 de diciembre de 2010
Vaya cóctel.
4 de diciembre de 2010
(Por cierto: ellos, los controladores, no han conseguido poner al Presidente de rodillas como nuestros prestamistas. Obsérvese: todavía hay mucha diferencia entre los gusanos y las serpientes)
Todavía hay diferencia entre la pobre gente y la gente pobre. Estos últimos, está claro que no nos dan la misma pena.
28 de noviembre de 2010
20 de noviembre de 2010
En seguida me di cuenta que su verdadera naturaleza era la de un tipo observador y cauto. En absoluto se atrevió a preguntarme sobre aquel tatuaje (a medio camino donde se junta la cadera con el muslo) por el que otros hombres se habían mostrado intrigados a la primera. Tan sólo lo miraba de vez en cuando, de reojo, con disimulo... sin saber que la frecuencia de vibración de su corazón era inversamente proporcional al escaso valor que le quedaba. No me dio pena, no era el único. Claves tan esenciales como los números que gobiernan los sentimientos se escapan al común de los mortales. Por eso cuando un quinto musical de su angustia regresó al dolor original ocho octavas más arriba, apenas percibió la secuencia ascendente de la escala espiral, cual sucede con la disposición de los remolinos del girasol. Sin saber la causa, sólo pudo notar cómo una sombra le velaba de nuevo el presente.
Le salvó que para entonces ya había regresado yo del faro con una botella de albariño.
Los papeles de Saleta.
Codorníu.
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12 de noviembre de 2010
Xéxpir miró el reloj y se levantó las solapas de la chaqueta. Serían poco menos de las seis cuando tomó la decisión de avanzar con la mirada puesta en el horizonte. La dura arena del fondo daba estabilidad a sus pisadas; aunque no creo que fuese consciente de tantos detalles en aquellos momentos. Como mucho, lo más probable es que sintiera la frialdad del agua, tras el golpe que recibía al chocar cada ola contra sus muslos. Después, ni siquiera se daría cuenta del espectáculo en torno suyo; esa danza alrededor y por medio de sus piernas. Desde la orilla, con ayuda de la cámara, sí se captaba todo. Incluso como, a cada paso, le seguía una parada despeinando las aguas en remolinos cadenciosos: siempre la penúltima. Y esto ya es un adivinar; pero intuyo que, con el compás de la marea, escucharía un tañido acoplado a su pulso; una señal que aún le anclase a la vida. A sus labios salinos, subía (eso no lo supongo, porque se lo oí contar en más de una ocasión) un hálito que, sin querer, musitaba una súplica. Eran unos versos del portugués Pessoa, que había cogido la costumbre de decir a diario, en voz baja, antes de salir por la puerta:
Los papeles de Saleta.
Codorníu.
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8 de noviembre de 2010
Codorníu
Codorníu..
15 de octubre de 2010
Y ése es el drama. El drama de los bancos. Un suculento negocio de miles de millones, ahí a sus pies… que no convence a nadie... De risa.
Ahí están los franceses, luchando como en el 68.
A ver si lo consiguen.
11 de octubre de 2010
Hoy en día se habla de lo bien que estamos físicamente a los sesenta o sesenta y cinco años. Pero lo que habría que cuestionarse es en qué trama de relaciones laborales se pudre nuestra vida, que hace que una persona a los 60 años esté físicamente perfecta para hacer casi cualquier trabajo, pero llevando en su interior muchas papeletas para sentirse destrozada psicológicamente…
Codorníu.
8 de octubre de 2010

Recortes.
En este otoño tan hermoso, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ha vuelto a insistir desde su púlpito (por enésima vez... ya he perdido la cuenta) en la necesidad de aplicar recortes económicos a la gente corriente por el bien de la salvación del estado del bienestar.
En la mente de todos están esos hachazos que nos van desnudando de progresos y derechos. A la vez que las hojas de los árboles, sentimos como se cae también lo que con tanto esfuerzo hicieron crecer otros en el pasado. Este otoño, el viento seguirá arrancando de nuestras vidas lo que empezó a brotar -radiante de esperanzas- en aquella primavera del siglo XIX.
El señor Ordóñez no desconoce (es imposible) que el salario mínimo que alfombra de hojas los suelos es de 633 euros al mes. Tampoco ignora que muchas personas en nuestro país andan muy cerca de ese suelo. De sobra sabe que, incluso el doble, no deja de ser una miseria... de "privilegiados".
Poca gente puede presumir de haber contado las hojas del árbol salarial del señor gobernador. Tampoco yo sabía de ellas. Pero hoy he leído en el diario "Público" lo que gana, actualmente, en este otoño tan bonito y tan suave. Gana 194.148 euros anuales, que si lo dividimos en catorce partes, nos salen 13.868 euros al mes.
Entre 13.868 y 633, hay por medio un barranco de escalones profundos; veintidós, para ser exacto. Veintidós veces más uno que el otro son una pendiente de esas que dan miedo y escalofríos. Un abismo inmenso, negro, insalvable... que nos separa a nosotros, los que sufrimos los recortes, de ese señor y esa gélida élite dirigente a la que pertenece.
Aunque esto no sería importante si no formara parte del grupo selecto de los que legislan y gobiernan. Eso es lo que es obsceno y, más que grave, gravísimo. Me refiero a que esta clase dirigente goce de emolumentos tan siderales; cuando deberían tener un cinturón muy parecido al de los ciudadanos para que no se les cayese la cara de vergüenza. Para eso y para que se lo pensaran dos veces, cada vez que les sube a la boca esa ácida letanía macabra de apretárselo y apretárselo y apretárselo...
Mientras eso no suceda, los que hacen las leyes y las ejecutan no serán los representantes del pueblo. Al menos por mí parte no serán considerados como tales, mientras gocen de tan privilegiada situación económica, impropia de servidores del Estado.
Por más que lo digan las urnas y nos lo envuelvan todo con un hermoso vestido de seda llamado Democracia.
¿Cómo van a representarnos si no pueden saber lo que sentimos?
Codorníu.
4 de octubre de 2010

Otoño, Mario Benedetti.
(De “Insomnio y duermevelas”)
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