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Oh! Benvinguts, passeu, passeu.
De les tristors en farem fum.
A casa meva és casa vostra,
si és que hi ha casa d’algú.
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.....................Jaume Sisa.
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Amigos... hoy, este blog hace un año.
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Según ha ido creciendo he podido comprobar que tiene aspecto de casa con ventanas donde los renglones crujen con nostalgia de peldaños antiguos. De ahí buena parte de los sonidos que la acompañan.
.Oh! Bienvenidos, pasáis, pasáis.
Gracias a vosotros veo la botella medio llena; aunque esté vacía. Y también gracias a vosotros, el cielo es azulísimo, y el sol se cuela entre las rendijas de las persianas y acaricia mi piel.
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A lo mejor es un decorado, me dice el que pone la música y cuelga las fotos. Pero, no. Qué leche. Es una casa cuesta arriba, que comenzó con trazas de ser un río aguas abajo. Una casa con ropa colgada en su fachada, como las casas que tienen familia numerosa y que no dan abasto a tender. Y entre tanta ropa, cómo no, siempre ondea alguna que otra bandera del sesenta y ocho, un poco oscurecida por el dolor y la pena. Familia y banderas, que se sostienen por vosotros; que siempre estuvisteis ahí y sois los grandes pilares más o menos invisibles de sus muros de carga.
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Por cierto, no es una casa a la intemperie que se deja ir en brazos de la especulación sin importarle nada. Que quede claro. Aquí no hay desconchados, ni óxido ni cierto tono gris que forma parte de otros mundos más tétricos. Aquí hay una casa en la que hay días que se despierta con los cristales rotos y los mismos fantasmas de ayer a la noche sentados en los bancos de la entrada, esperando. Porque por desgracia siempre hay algo sospechoso en el aire que casi empuja a tener frío. Pero no hay callejones ni reverso del decorado ni ruido de persianas que se desploman ni cuchicheos.
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Y el silencio de aquel -que sentado en una banqueta a la puerta no parece tener ganas de hablar ni nada que decir-, es tan sólo un mal momento del maniquí, una obra colocada para darle ambiente a la calle.
Amigos, en un día como éste, tienen mucho sentido para mí las palabras de este escritor nacido (por azar) en Santiago de la Vega, Cuba, aunque no sea un dato muy conocido:
«…El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo jamás en su entorno.
La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.»
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.............................Italo Calvino, "Las ciudades invisibles"
Gracias, pues, por dejarme hacer que lo vuestro dure, por permitirme darle espacio, y porque no me haya roto los morros a tan temprana edad.
Codorníu.
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(Oh! Bienvenidos, pasaz, pasaz... De las tristezas haremos humo. La casa mía es vuestra casa, si es que hay casa... de alguien.)
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